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Archive for 23 enero 2016

Origen: El tercer ojo. Temario del taller

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No he olvidado la charla que tuve hace unos años con mi querido amigo el padre Galindo, fue breve pero lo suficientemente fuerte para quedar grabada en mi memoria. Como siempre comenzábamos con un tema y terminábamos hablando de quién sabe qué cosas.


En una de estas veces, salió el tema agua y la psiquis, las emociones, la fuerza que ejerce el agua en la psiquis del ser humano, él decía: “Esto de tirar monedas en las fuentes, ninguna se hunde sin llevar un pedido, y todo comienza en el dios Jano”.  Y, como si nada, pasamos a otro tema, pero el bendito dios Jano quedó pegado a mi curiosidad.

 
En uno de los viajes  que por trabajo hacemos con mi esposo a Italia, caminábamos por la ribera del Tíber. Casi sin darnos cuenta llegamos al barrio del Trastevere, la zona de los bosques sagrados y de hermosas iglesias, entre ellas, la iglesia de San Pietro in Montorio, la cual está edificada según la tradición, donde fue crucificado san Pedro, el que tiene las llaves de la Iglesia católica.
 
Hasta ahí mi mente estaba focalizada en la historia de la iglesia, pero como de un sendero del bosque sagrado apareció la figura de  Jano, silencioso, que en seguida me ubicó en donde estábamos parados, en su casa, en la colina de Gianicolo o Janículo.
 
Cuando uno quiere abordar el mundo de lo sagrado, se tiene que recluir en lo interior, y dejar que el silbido del tiempo inunde la mente y en un instante todo se puede ver, escuchar, sentir con el corazón…, todo es tan real, se le puede llamar la naturaleza intuitiva, que todos tenemos.
 
El que reconozco es el Jano, antes de su cristianización, el padre de Fotus, el dios de las fuentes, cascadas y pozos. Y voy hilando inmediatamente las palabras del padre Galindo, las monedas, el agua y Jano… el Jano setecientos años antes de Cristo, al que  los romanos lo llamaban “Lanus inter portas” el que muestra la entrada del pasado y del futuro. El señor de las dos vías, de las dos caras, el señor del tiempo, poseedor de las llaves.
 
Las llaves que servían para abrir las puertas del cielo y del infierno, las puertas de las dos vías, ascendente y descendente. Jano el señor de la iniciación, el que abría las puertas de las épocas, el que mantenía la armonía cósmica sobre los ritmos de la naturaleza.
 
Jano, el verdadero Jano, al que no se le puede disfrazar. Pasan las épocas, culturas, políticas, los ciclos, pero su esencia no cambia, se le puede poner otros nombres, cambiar sus representaciones simbólicas, hacer retroceder, prohibir, reprimir, pero Jano tiene su propia personalidad y fuerza. Jano, el que no se deja arrastrar al intelectualismo y continúa parado en su templo en forma cuadrangular con sus  doce altares, mirando a Oriente y Occidente, mediando entre lo mortal y lo inmortal. Los cantos de sacerdotes romanos iniciados en su templo siguen vibrando en los bosques sagrados.
 
El Jano de este siglo, en Occidente, es el que nos marca el comienzo de un nuevo ciclo, el que nos dice que tenemos que ir al encuentro de lo desconocido y dejar lo que fue. Hacer espacio para todo lo nuevo que el cosmos nos ofrece, a lo sagrado y lo irreverente, que no están separados entre sí, sino que viven juntos y nos esperan en el camino.
 
Jano nos propone que tiremos una moneda en la fuente de su hijo Fotus, pero antes tenerla entre las manos, mirando una cara y decidir entregar el pasado, dejar que se lave en las aguas sagradas de la vida. Después mirar la otra cara de la moneda y pedir con fe, todo lo que nos corresponde por ser hijos del Amor, de Dios; para luego darnos vuelta y pasando el brazo por arriba de los hombros tirar la moneda de Jano, el dios de las dos caras, para entrar con la mente limpia a este enero que es comienzo de año 2016.
 
Hay un ritual que se  hace en Gianicolo desde antes del cristianismo.
 
En una bolsita coloca un pequeño frasquito de miel o higos y tres monedas y los regalas a tus amigos y familiares, es compartir la  gentileza de la madre tierra con las personas que queremos.
 
También se regalan los ramitos del árbol cósmico, el laurel, deseando salud, felicidad y abundancia en el trabajo.
 
Hasta la próxima semana.
Paz y Bien
Lo puede leer también en el Semanrio Sexto Sentido, haciendo clik aquí

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A veces los amigos me preguntan ¿por qué viajan tanto?, ¿les gusta hacer turismo?, ¿no sería mejor una vida más sedentaria y tranquila?


Les contesto que viajo no sólo por el simple hecho de conocer sitios nuevos y distintos, sino más bien para encontrarme con la espiritualidad de ese lugar, con la energía de las personas que pasaron por allí, para aprender y luego poder compartir…

 
Por ello cuando visitas un lugar donde hayan  vivido maestros, donde hubo energías que han ayudado a transformar a las personas, sitios especiales por las fuerzas místicas que se sienten, has de saber que te contactas con ellas y que las vibraciones allí existentes incrementarán tu progreso espiritual.
 
Ese es  el valor de las peregrinaciones a lugares sagrados.
 
Son espacios especiales en los que se siente una gran inspiración y unión con Dios.
 
Este es el caso de la visita a Jerusalén, al país donde vivió, donde hizo los milagros y anunció su mensaje Jesús. Aquí se encarnó y sus vibraciones divinas aún se encuentran todavía en este lugar. Y son tan potentes como cuando él estuvo presente físicamente.
 
Quienes posean la sintonía adecuada al visitar Tierra Santa sentirán esa presencia.
 
O cuando fuimos al Monte Gargano, donde se apareció el arcángel Miguel, cerca de otro lugar en el que he vivido experiencias místicas profundas, San Giovanni Rotondo, la ciudad del Padre Pío de Pieltrecina.
 
O la ciudad de Asís, Santiago de Compostela, Benarés, Dharamsala…
 
Los dos últimos viajes fueron, el primero, un contacto con la tierra de Alemania y con una de las grandes santas medievales de Europa, Hildegarda Von Bingen.
 
El segundo fue un viaje a Nápoli, para encontrarnos con San Genaro, su patrono, y con José Moscati, o Giuseppe Moscati, tal como es su nombre original en italiano, el médico de los pobres, el médico sabio y bueno que ha llegado al corazón sobre todo de la gente humilde.
 
En todas las peregrinaciones a los lugares sagrados he aprendido algo, me he ido con una enseñanza profunda en mi alma.
 
Además del trato con esa cultura, con las personas que viven ahí, todas experiencias son magníficas para el crecimiento espiritual.
 
Pero eso se puede leer en los libros, me decía en otra ocasión una persona amiga.
 
Sí se puede, pero no es lo mismo que respirar, pisar, tocar, sentir, palpar…, la energía, el trato, la cercanía. No es lo mismo.
 
Pero primero, antes del viaje místico a esos espacios sagrados, es preciso meditar y prepararse.
 
Tampoco se trata de ir a la deriva. Antes se debe disponer el cuerpo, la mente con comidas suaves, oración, meditación…, para que ese contacto sea fructífero para tu aprendizaje y para tu espíritu.
Hasta la próxima semana.
Paz y Bien.
Puede leerlo en la Revista Sexto Sentido haciendo clik aquí.

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