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Archive for 20 septiembre 2015

 

Imagen9La primavera es un encuentro amoroso, cálido, de entrega, la tierra se inclina para que el sol la bese. El sol calienta su vientre y ella abre su seno, la nieve se transforma en agua, las aves se despiertan, los peces regresan a sus cuencas y comienzan los cortejos, asoman los brotes.

Tierra y sol se abrazan y bailan al compás de la sinfonía cósmica, atentos al ritmo de la creación, así la vida cruza las eternidades sin esfuerzo.

El espíritu reconoce esta información y se la trasmite al cuerpo, a la mente, al núcleo de cada célula que hay en el planeta. Es el susurro de la vida, es el tiempo de los cielos que dan la señal de despertar y bailar, de movernos al compás del universo.

Parece una poesía, pero es realidad.

Son los ritmos del universo y nuestros propios ritmos biológicos, el reto es sintonizarnos con ellos, es ser consciente que somos parte de toda la creación y que tenemos que comulgar con ella. El reto es tratar de vibrar con los ritmos que tiene ella, bailar juntos, como lo hace la tierra y el sol en cada primavera.

Es descubrirnos hijos de este sagrado matrimonio elemental, sentir la tierra, con sus montañas, valles, desiertos, ríos, pequeños arroyos o grandes mares, vientos suaves o ráfagas ligeras, que habitan en ella, sentir el sol con su visita diaria, que calienta el cuerpo de la tierra como caliente el nuestro propio. Son los agasajos cíclicos, rítmicos que se hacen mutuamente.

Todo es vida. La misma vida que circula por nuestro cuerpo: sangre, aliento…, te toca a ti tener la experiencia de ser consciente de esta conexión con el universo, de este encuentro amoroso de tierra y sol.

En primavera, ellos influyen a tu biología más profunda porque eres parte de este universo.

Puedo sugerirte este ejercicio para unirte en este gran baile que tendremos el 23 de septiembre, fecha cuando la tierra se inclinará para que el sol la bese.

Anota en una hoja los pasos y elementos que utilizarás a lo largo del día.

-Compra semillas de las flores que más te gusten para sembrarlas en este día, en el lugar que elijas.

Cuando tengas en tus manos las semillas, medita en la vida que hay en estos pequeños granos y en lo que se transformarán.

-Toma sol, deja que el bese tu cuerpo.

Ejercicio:

Abrimos el Centro de energía (Chakra ) del Corazón

  • Separa las piernas a la distancia del ancho de la cabeza
  • Pon los pies hacia afuera
  • Destraba las rodillas
  • Coloca las manos en el medio del pecho, toca las puntas de los dedos.
  • Inspira
  • Estira los brazos en los laterales hacia arriba en un movimiento de apertura.
  • Ve enderezando el cuerpo a medida que estiras los brazos.
  • Retorna con lentitud las manos al corazón.
  • Inclina levemente el cuerpo.
  • Detenerse en esta posición.
  • Visualiza el color verde en el lado izquierdo de tu cuerpo, es el mundo natural.
  • Visualiza los colores naranja y amarillo sol, en el lado derecho de tu cuerpo; es tu naturaleza intelectual, análisis, comprensión. Conciencia Divina.
  • Expiras, haces una reflexión sobre tu relación con la naturaleza y agradeces a Dios.

Cuando doy los talleres de primavera, recurro a una oración que está en el libro llamando a las puertas del cielo. Es ésta:

Oración para cuando decides hacer cambios en tu vida

Quita de mí, Señor, este corazón de piedra, quita de mí este corazón endurecido y dame un corazón de carne. Conviértelo Tú que purificas los corazones y amas los corazones puros, toma posesión del mío y habita en él, llénalo con tu presencia, tú que eres superior a lo más grande que hay en mí y que estás más dentro de mí que mi propia intimidad. Rocíame con agua pura y purifícame; de todas las impurezas y de todas las basuras. Que los querubines desplieguen sus alas y limpien todo lo malo y oscuro que hay mí. Dame un corazón nuevo, infunde en mí un espíritu nuevo. Tú que eres el modelo perfecto de la belleza, el sello de la santidad, sella mi corazón con la impronta de tu imagen, sella mi corazón, por tu misericordia, tú Dios por quien se consume mi corazón, mi herencia perpetua. Amén.

MEIRIÑO FERNÁNDEZ G., Llamando a las puertas del cielo. Libro de Oraciones. De Oriente a Occidente 2014, ISBN 978-987-1621-14-9, p. 160.

¡Feliz primavera!, ¡feliz baile!

Paz y bien

María B. Meiriño

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San Andrés de Teixido

San Andrés de Teixido

He visitado el camino de San Andrés de Teixido, en Galicia España.

“El corazón de la tierra es como me gusta llamarlo”

El camino de San Andrés de Teixido, “el camino del corazón”, en él se percibe claramente las corrientes telúricas, estas corrientes eléctricas que se mueven a través de los océanos, unidas a la interacción con el viento solar y otras energías de la naturaleza.

Para llegar a las cumbres del corazón, se puede ir por varios caminos.

No estoy hablando de caminos para visitar el templo cristiano, me refiero a las cimas de los acantilados donde se puede ver la unión de los dos océanos: el Atlántico con el Cantábrico.

El camino de San Andrés de Teixido, está marcado por la polvareda cósmica de las estrellas, la vía láctea, son las huellas del cielo que ayudan a quienes buscan la luz.

Es un camino que tiene huellas milenarias, señales ancestrales grabadas en el cosmos, sonidos telúricos que retumban en las células y golpean todos los átomos del cuerpo.

El rumor de los océanos que sube por las laderas es un canto ancestral, balada eterna, suave consuelo a las almas que se acercan a contarles sus terribles secretos, sus profundas angustias. La búsqueda del equilibrio, la paz.

Todo esto y más existen en los acantilados de san Andrés, que tiene todos los símbolos de los sitios sagrados.

La huella en el cielo, el camino ancestral, los símbolos de la naturaleza, el encuentro de los abuelos de las aguas, la puerta dimensional.

El camino comienza donde tú quieras, pero llegarás a un punto que tienes que seguir las indicaciones a las distintas carreteras que te dejan llegar a los acantilados.

Nuestro viaje fue a media mañana, pero quienes hacen el trayecto por la noche pueden ver la vía láctea en su cielo nocturno que los guía a las cimas.

El recorrido en zigzag es propio de los caminos que llevan a los altares naturales que tiene el planeta.

Mi cabeza giraba de izquierda y derecha, por momentos no sabía qué mirar, estaba deslumbrada con los pequeños oasis de praderas verdes, sitios propios que tienen los buenos caminos para recuperar fuerza, y no es casualidad encontrarse en estos lugares sagrados con caballos salvajes, conejos, ardillas, búhos, vacas rubias con ubres llenas de leches.

A la izquierda cuando subíamos, mi vista rodaba por las pendientes inclinadas, como un tobogán verde que terminaba en telas blancas arrugadas por el agua azul claro del mar.

Paramos en un pequeño bosque de castaños y pinos perfumados. No sabía por dónde pisar sin lastimar las flores, los pequeños arbustos de flores violetas, amarillas. Mirara hacia donde mirara, la vida se mostraba en su abundancia, algunas zonas más oscuras por las sombras de los árboles, otras plenas de sol.

Los tramos de la ruta por momentos son rectos, la mayoría en zigzag.

Hay partes donde el camino se transforma en teatro, y se puede ver como el viento baila con los árboles y dejan ver entre bambalinas el enjambre de celestiales luces multicolores.

Lo que no puedo describir con palabras, es lo que sentí al llegar a la cima de los acantilados y ver la estela blanca que tiene la puerta dimensional con sus guardianes y mensajeros celestiales.

De las que conozco es la más limpia, la más cuidada que he visitado.

Estos sitios sagrados, naturales, ancestrales, no tienen dueños dogmáticos, nos pertenecen a todos.

No hay un ritual específico para agradecer el poder estar allí.

Te propongo

San Andrés de Teixido

San Andrés de Teixido

Si quieres puedes ir con la imaginación a San Andrés de Teixido y hacer estos ejercicios

Primero ubicas en tu mente los acantilados de San Andrés de Teixido los visualizas como un altar mirando al mar.

Estás parado a lo lejos y comienzas a subir por un camino, busca en tu memoria lo que grabaste de la lectura. Los espacios claros y oscuros del bosque, representan los espacios claros y oscuros de tu vida, no te detengas a ver lo que ilumina la zona de luz ni buscar que hay en lo oscuro, solo observara estas sombras y luces, y recuerda si no hay oscuridad no se puede reflejar la luz.

Continúa avanzando imagina que la noche llega y no sabes cómo seguir, levanta la vista al cielo y observa una estela blancuzca en el cielo. Continua caminado y cada tanto levanta la vista para seguir el curso de la estela blanca, el camino del cielo, ella representa en tu vida la protección celestial, por más que te pierdas en algunos momentos por la oscuridad, solo tienes que mirar el cielo y encontraras guía, como la encontraron nuestros antepasados. Por más que no veas lo que te rodea no te olvides que estás recorriendo sendas sinuosas, tienes que mantener el equilibrio, el equilibrio en tu vida por más oscuridad que estés pasando en este momento.

Llega el amanecer, el sol, la luz, busca el Este, por donde nace el sol, el representa lo que nace cada día en tu vida, lo nuevo, el hoy, el comienzo. El calor.

Mira hacia atrás y observa el tramo que has hecho, es el pasado, solo observa, no juzgues. Y continúa subiendo, a tu lado hay colinas verdes ondulantes, precipitadas, pastos, arboles verdes, es la vida en abundancia, fuertes troncos marrones con copas frondosas. Hay armonía.

Y llegas a la cima, observa hacia lo lejos y verás el encuentro de los abuelos, los dos océanos, con todo lo que traen cada uno de sus tierras, de sus grandes o pequeños ríos, ellos reciben amorosamente sus aguas, sus emociones, sus secretos.

Coloca tu mano izquierda en tu ombligo, donde quedó la huella del cordón que te unió a tu madre en el vientre, el que te alimentó en un lecho de agua y extiende la mano derecha al cielo.

Deja que tus pensamientos terrenales, lo que fue y no tiene vida ahora, se desprenda como se desprendió tu cordón umbilical de tu cuerpo cuando respiraste por tus propios medios.

Siente como entra el aire en tu vientre y como sale, te unes a la respiración de los abuelos, el subir y bajar de las olas. Deja que tu ángel de la guarda entregue tus pedidos a los mensajeros.

Termina con una oración de gratitud.

Hasta la próxima semana

Paz y Bien

María B. Meiriño

También puede leer la primera parte del artículo en el diario PRIMERA EDICIÓN haciendo clik aquí.

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